Versículo del día

miércoles, 4 de mayo de 2016

EL NUEVO PACTO
Hebreos 8:7-13


  1. El pacto de la ley era defectuoso por causa del hombre. Hebreos 8:7-9.
Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo. Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, en que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto; no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos no permanecieron en mi pacto, y yo me desentendí de ellos, dice el Señor.

En estos versículos el autor de Hebreos cita Jeremías 31:31-32. En el pasaje de Jeremías el Señor dijo que había sido marido fiel a Israel, pero que la nación se había rebelado contra él. El antiguo pacto (la ley) fue buena, santa y justa. Enseñó a Israel (y a nosotros) lo que Dios espera de su pueblo. Podemos aprender mucho al estudiar el antiguo pacto, porque es una revelación santa de la voluntad de Dios para con la humanidad. Sin embargo, el antiguo pacto fue débil, porque no podía cambiar el corazón humanos. Podía enseñar lo que es justo y recto, pero no podía dar el poder necesario para obedecer. La maldad en nosotros es demasiado arraigada y fuerte. No podemos por nuestros propios esfuerzos obedecer de lleno la santa ley de Dios.
El antiguo pacto prometía bendición para los obedientes y castigo para los rebeldes. Desde el primer mes, los israelitas se rebelaron contra su amante Dios, quebrantaron su pacto, y recibieron castigo y muerte por su desobediencia. La ley cuyo propósito fue dar vida al pueblo de Dios, resultó en muerte para ellos, porque no pudieron obedecerla de lleno. Por eso el antiguo pacto fue defectuoso, no porque era malo, sino porque no podía producir la santidad en los que estaban bajo su régimen.

  1. En el nuevo pacto las leyes están sobre el corazón. Hebreos 8:10.
Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo.

El anhelo eterno del corazón de nuestro Dios es tener compañerismo con sus criaturas. El bien sabía que no iba a poder tener comunión completa con ellas a través del antiguo pacto, porque el pecado seguiría siendo estorbo. Sin embargo, el antiguo pacto era necesario, porque preparó el camino para el nuevo.

¿Qué provisiones del nuevo pacto encuentras en Hebreos 8:10?
•   Fue designado originalmente para la nación de Israel.
•   Dios pondrá sus leyes en el corazón de su pueblo. Bajo el nuevo pacto la ley de Dios no es una lista de reglas impuesta de afuera, sino que nace de adentro. La persona obedece a Dios de buena voluntad, y no por obligación.
•   La comunión entre Dios y su pueblo será absoluta. Ellos pertenecen a Dios, y Dios pertenece a ellos.

Lee Lucas 22:20 y 1ª a Corintios 11:25. ¿Cuál es la base del nuevo pacto?

Es la sangre de Jesucristo. La base del antiguo pacto era la sangre de animales. El nuevo pacto tiene vigencia desde que Jesús derramó su sangre en la cruz de Calvario.

C.   En el nuevo pacto cada creyente conoce personalmente a Dios. Hebreos 8:11.
Y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos.

¿Qué provisión adicional encuentras en este versículo?

Los que están amparados bajo el nuevo pacto conocerán íntimamente a Dios. No necesitarán que otros le enseñen cómo conocer al Señor, porque la comunión entre ellos será establecida por Dios mismo. Esto no quiere decir que la persona bajo el nuevo pacto sabrá todo acerca de Dios desde el primer momento. Tendrá que aprender mucho, y necesitará maestros espirituales. De hecho, durante toda la eternidad estaremos conociendo más y más acerca de nuestro maravilloso Creador y Salvador. Lo que no necesitará es alguien para decirle cómo entrar en relación con Dios, porque ya lo conocerá personalmente.

Como hemos visto, el nuevo pacto tiene aplicación a la Iglesia y también a Israel como nación. Hoy una persona, sea judío o gentil, está amparado bajo el nuevo pacto a nivel individual en el momento de recibir a Jesús como su Salvador. Desde ese momento, las provisiones del nuevo pacto toman vigencia en su vida. Tiene unión directa y eterna con Dios. Quiere obedecer a Dios, y el Espíritu Santo le hace entender lo que debe hacer. Tiene poder sobrenatural para obedecer la ley divina. Nunca será separado de Dios, porque el uno pertenece al otro.

En el futuro, todas estas provisiones serán otorgadas a Israel como nación. Cuando Jesús vuelva a la tierra para reinar, la gran mayoría de los israelitas lo aceptarán por fin como su Mesías, Salvador, y Rey. Todos los que en aquel día se arrepienten de su rebelión estarán inmediatamente amparados bajo el nuevo pacto. Jesús murió para rescatar a la Iglesia, y también a su amado pueblo.

  1. En el nuevo pacto Dios limpia por completo los pecados. Hebreos 8:12.
Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades.

Este versículo es una promesa tan sublime que nos impulsa a humilde y reverente adoración. La primera frase dice: “Seré propicio a sus injusticias”. La palabra propicio quiere decir “mostrar misericordia basado en el sacrificio”. Jesucristo es nuestra propiciación delante del Padre. Esto quiere decir que el sacrificio de su cuerpo y alma sobre la cruz satisfizo para siempre la santa ira de Dios contra el pecado. Dios ya no tiene que castigar nuestra maldad, porque Jesús sufrió el terrible castigo que ella merece. El Padre descargó en Jesús toda su ira contra nuestras injusticias, y no quedó más para nosotros. Por eso Dios puede ser misericordioso con nosotros los pecadores que estamos confiando en Jesús como nuestro Salvador. Nuestra cuenta de pecado está pagada, y Dios está libre para derramar en nosotros todas las bendiciones que desea su corazón.

El resultado de esto es que Dios ya no recuerda contra nosotros nuestros pecados. ¿Esto quiere decir que Dios olvida lo malo que hemos hecho? La respuesta es “no” y “sí”. Dios no olvida en el sentido que no puede traer a la memoria ciertos hechos. El es omnisciente. Sabe todo lo que va a acontecer, y recuerda todo lo que ha sucedido en el pasado. Su memoria no se deteriora cuando nos perdona. Sabe y recuerda nuestras mentiras, nuestro egoísmo, nuestra ira descontrolada, y nuestros pensamientos impuros. Recuerda todo, pero no lo toma en cuenta contra nosotros. En este sentido, Dios olvida nuestra maldad. El sabe que sucedió, pero nuestro pecado no afecta para nada su amor y bondad hace nosotros, ni sus planes para bendecirnos en el futuro. El pecado de todos sus hijos ha sido pagado por su Hijo eterno, Jesucristo, y por eso no puede intervenir entre nosotros.

Para entender esto mejor, vamos a poner algunos ejemplos de la vida cotidiana de cómo nosotros recordamos las ofensas, y cómo estos recuerdos dañan nuestras relaciones.

•   Carolina se casó con Enrique hace cuatro años. Al principio ella y su esposo disfrutaron el matrimonio, y su amor crecía cada vez más. Entonces empezaron los pequeños desacuerdos y conflictos que toda pareja pasa mientras se ajustan el uno al otro. En vez de perdonar a Enrique y tratar de comprenderlo, Carolina guardó en su corazón todas las fallas, todas las palabras hirientes, y todas las ofensas que su esposo había cometido. En los momentos de conflicto, Carolina sacaba estas fallas y las recordaba a Enrique. Decía: “No puedo confiar en ti. ¿Recuerdas cuando gastaste todo el sueldo en arreglos para la moto, y nos quedamos sin un peso para el mercado?” y “Tu siempre me quedas mal. Ya van cinco veces que no recuerdas que tenemos que pagar el teléfono antes del diez del mes”. Enrique ha pedido perdón por sus fallas, pero Carolina las está recordando en su contra. Sus constantes reproches están dañando la relación entre ellos.

•   Por mucho tiempo Diana y Julia eran buenas amigas. Iban de compras juntas, y se contaban los secretos. Entonces en una ocasión Julia contó a otra amiga algo que Diana le había dicho en confianza. Julia reconoció su deslealtad, y con lágrimas rogó a Diana que la perdonara. Diana dijo que sí, pero siempre cuando pensaba en Julia, recordaba aquella ofensa. No le volvió a brindar la misma confianza como antes, y poco a poco la amistad se enfrió.

Dios no nos trata así. Cuando confesamos nuestro pecado, él lo borra con la sangre de Cristo, y restablece comunión con nosotros. Nuestra maldad no afecta su amor hacia nosotros. Para Dios, nuestro pecado ya ha sido pagado, y no queda nada contra nosotros en su corazón. Nos recibe con misericordia, amor y alegría. Disfruta plena comunión con nosotros, y promete que jamás recordará contra nosotros nuestra maldad.

  1. El nuevo pacto reemplaza Al antiguo. Hebreos 8:13.
Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.

Al terminar este estudio, vamos a comparar las provisiones del antiguo pacto con las del nuevo. El autor de Hebreos mostró claramente el contraste entre los dos para que sus amigos se dieran cuenta de las grandes ventajas que tienen en Cristo. Al comparar el viejo y el nuevo, ¿quién volvería al antiguo?


EL ANTIGUO PACTO (LA LEY)


EL NUEVO PACTO (LA GRACIA)
Ofrendas continuas por el pecado que solamente cubrían provisionalmente la maldad
Una ofrenda hecho una vez para siempre por Jesucristo que quita la maldad
Basado en la sangre de animales
Basado en la sangre de Jesucristo
Revela lo que es pecado, pero no da poder sobre el pecado en la vida
Renueva el corazón de modo que el creyente quiere obedecer a Dios y tiene el poder para hacerlo
No se podía conocer íntimamente a Dios
Dios y el creyente están en plena comunión
Dios recordaba el pecado de su pueblo porque no había sido limpiado
Dios no recuerda contra el creyente el pecado, porque Jesús lo ha pagado todo
Se entraba por medio del nacimiento en la nación de Israel
Se entra por medio de la fe en Jesucristo, siendo israelita o gentil

El antiguo pacto tiene mucho que enseñarnos acerca de Dios, de la santidad, y de la condición humana. No debemos despreciarlo. Más bien, debemos estudiarlo porque contiene mucha bendición para nosotros. Sin embargo, no estamos bajo sus provisiones hoy. El antiguo pacto ha sido reemplazado por el nuevo. Ya no hay barrera entre Dios y nosotros. Jesús entró en nuestro mundo como hombre, sufrió las consecuencias de nuestro pecado y rebelión, y abrió la puerta para que podemos tener plena comunión con Dios.


La ley nos enseña acerca de Dios, pero no nos lleva a Dios. Jesús en cambio nos revela cómo es Dios, y nos lleva al Padre. El Espíritu Santo vive en nuestra vida, y desde que creemos en Cristo estamos en contacto íntimo con Dios Padre, Dios Hijo, y Dios Espíritu Santo.

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