Versículo del día

miércoles, 4 de mayo de 2016

EL SANTUARIO CELESTIAL
Hebreos 8:1-13

A. INTRODUCCION.

1. Vivimos en un mundo que está cambiando constantemente.

2. En cuanto a las cosas espirituales, Dios no cambia en su persona, ni en sus propósitos, pero su trato con la humanidad cambia según la época, y según el comportamiento de los hombres.
¿Cómo ha cambiado el trato de Dios con la humanidad a través de los siglos? Aquí te damos unos ejemplos:

•    Al principio Dios dio vegetales al hombre para comer (Génesis 1:29). Después del diluvio, agregó carne a la alimentación humana (Génesis 9:3).
•    Por muchos siglos Dios obró especialmente con la nación de Israel (Génesis 12:1-3). Hoy invita a judíos y a gentiles a acercarse a él por medio de Jesucristo (Mateo 28:18-20).
•    En la ley de Moisés Dios estableció sacrificios de animales como medio por el cual el hombre podía estar en comunión con él (Levítico capítulos 1-7). Hoy nos acercamos a Dios por medio del sacrificio de Jesucristo (Romanos 3:21-24).

3. En el capítulo 8 de Hebreos, Dios nos habla de dos cosas nuevas relacionadas con su trato con los hombres: un nuevo santuario y un nuevo pacto. ¿Cómo afecta esto tu vida? Veremos a continuación.

B.     EL NUEVO SANTUARIO. Hebreos 8:1-6.

  1. Nuestro sumo sacerdote está en el santuario celestial. Hebreos 8:1-2.
Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre.

El autor de Hebreos acababa de ensalzar a Jesucristo como el sumo sacerdote perfecto que ha ofrecido el sacrificio perfecto. En estos versículos menciona tres cosas adicionales que muestran la superioridad del sacerdocio de Jesús.
•    Nuestro sumo sacerdote está sentado. No había sillas en el tabernáculo ni en el templo del Antiguo Testamento. Los sacerdotes no podían sentarse mientras ministraban en las cosas sagradas. La falta de sillas simbolizaba que el trabajo de ellos nunca terminaba. Todos los días había que ofrecer animales en sacrificio por el pecado. Todos los días había que cambiar los panes sagrados y llenar las lámparas de aceite. Todos los días había que ofrecer incienso sobre el altar de incienso. Los rituales eran perpetuos, porque eran imperfectos. Eran apenas sombras de lo verdadero, y no proporcionaban descanso al alma de los congregantes.
Jesús en cambio, está sentado. El hizo una obra perfecta sobre la cruz. Ofreció el sacrificio definitivo por el pecado cuando se ofreció a sí mismo sobre el cruento altar. Está sentado en el cielo porque su obra está terminada. No queda más que hacer para salvar a los que a él acuden. El hecho de que Jesús está sentado nos da gran seguridad. Entendemos que ha terminado su obra a nuestro favor, y que todo lo que tenemos que hacer para entrar en comunión con Dios es confiar en él. Descansamos en la obra completa de Cristo, y encontramos paz para nuestra alma.
•    Nuestro sumo sacerdote está sentado en su trono a la diestra del Padre (Véase Apocalipsis 3:21). Ningún sacerdote levítico tenía el derecho de sentarse en el trono real, porque el rey era de la tribu de Judá. De la misma manera, ningún rey judío podía ofrecer sacrificios, porque esto era oficio designado a los levitas.
Nuestro gran sumo sacerdote Jesucristo no solamente está sentado, habiendo terminado para siempre la obra de nuestra redención, sino está sentado en el trono. Es rey y sacerdote según el orden de Melquisedec, y tiene toda potestad y gloria. El trono de rey simboliza autoridad y dominio. Jesucristo ha recibido toda autoridad para actuar de la mano del Padre. Toda esta creación está bajo su dominio (Mateo 28:18 y Filipenses 2:9-11).
•    Nuestro sumo sacerdote nos está representando en el verdadero tabernáculo.  El tabernáculo que Moisés levantó en el desierto fue diseñado según el modelo que Dios le mostró en el monte Sinaí (Exodo 26:30). En el libro de Apocalipsis vemos que el templo verdadero, del cual el tabernáculo era símbolo, está en el cielo. Veremos esto en detalle más adelante. Aquí basta decir que el tabernáculo de Moisés fue hecho por los hombres, y por eso tenía defectos. El templo en el cielo, en cambio, fue hecho por Dios, y por eso es perfecto en cada detalle.

  1. El sacrificio que ofrece nuestro sumo sacerdote es perfecto. Hebreos 8:3.
Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es necesario que también éste tenga algo que ofrecer.

Ya que todo sumo sacerdote tiene que presentar ante Dios ofrendas y sacrificio, Jesús también necesita tener algo que ofrecer. De verdad, su ofrenda y sacrificio es asombroso, porque ofreció a sí mismo para ser el sacrificio por el pecado de la humanidad.

  1. Nuestro sumo sacerdote no ofició en el santuario terrenal. Hebreos 8:4.
Así que, si estuviese sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley;

Jesús, siendo de la tribu real de Judá, no tenía el derecho de ejercer su sacerdocio en el templo de Jerusalén. Si en verdad él es sumo sacerdote, tiene que estar oficiando en otro templo. Este templo se encuentra en el cielo.
El hecho de que este versículo especifica que los sacerdotes levitas todavía estaban cumpliendo sus funciones en el templo de Jerusalén, es una indicación clara de la fecha cuando fue escrito Hebreos. El templo fue destruido en el año 70 d.C., de modo que Hebreos tuvo que haber sido escrito antes de esta fecha. La destrucción del templo un poco después, tuvo que haber sido una fuerte vindicación de las doctrinas delineadas en este libro. Si todavía se necesitaba el sacrificio de animales para acercarse a Dios, el Señor no hubiera permitido la destrucción del único lugar dedicado por decreto de Dios a esta función (Deuteronomio 12:1-14). Da a entender claramente que ha habido un cambio en la manera de Dios tratar con la humanidad. El sacrificio perfecto ha sido ofrecido, y ya no se necesitan más los sacrificios anteriores.

  1. El tabernáculo terrenal es una copia del tabernáculo celestial. Hebreos 8:5.
los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte.

Este versículo nos enseña que el tabernáculo del Antiguo Testamento representaba cosas espirituales. En las páginas del Antiguo Testamento tenemos muchos tipos o símbolos de Jesús y de cosas espirituales. Sin embargo, debemos tener cuidado de no encontrar símbolos donde no están. La Biblia no es un libro alegórico en que todos los detalles tienen significado simbólico. Debemos entender la Biblia en su sentido literal e histórico. Cuando algún evento, personaje, u objeto tiene significado simbólico, el Espíritu Santo lo revela en el Nuevo Testamento. En este caso, vemos que el tabernáculo es uno de los tipos o símbolos más extensos del Antiguo Testamento. De hecho, cada mueble, cada color, y aun los materiales usados en la hechura del tabernáculo, tienen su significado espiritual. Simbolizan a Cristo, y también simbolizan el templo perfecto en el cielo.

SEMEJANZAS DEL TABERNÁCULO DE MOISÉS Y EL TEMPLO EN EL CIELO
Éxodo y de Apocalipsis.

Éxodo 40:1-3 y Apocalipsis 11:19    El arca del testimonio o del pacto estaba en el tabernáculo y también en el templo en el cielo.
Éxodo 27:1-2 y Apocalipsis 6:9      El altar de bronce donde se quemaban los animales ofrecidos en holocausto tiene su contraparte en el cielo. Los mártires de la tribulación están asociados con este altar porque su devoción a Dios será como un holocausto y ofrenda de amor.
Éxodo 30:1-3 y Apocalipsis 8:3-5     El altar del incienso representa la intercesión tanto en el tabernáculo, como en el templo en el cielo.
Éxodo 30:18-19 y Apocalipsis 4:6    La fuente de bronce en el tabernáculo corresponde al “mar de vidrio” en el templo del cielo. “Mar” en este caso no quiere decir un océano, sino un recipiente grande para agua. (Véase 1ª de Reyes 7:23-26 que habla del “mar” que hizo Salomón para el templo de Jerusalén.)
Éxodo 25:31-32 y Apocalipsis 4:5    El candelero de oro que tenía siete lámparas corresponde a los siete lámparas de fuego que están delante del trono de Dios.

  1. Nuestro sumo sacerdote tiene un ministerio mejor, porque se basa en un pacto mejor. Hebreos 8:6.
Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.

Moisés fue el mediador del pacto antiguo, el de la ley. Dios decretó los diez mandamientos desde el monte Sinaí al oído de todo el pueblo, pero ellos se asustaron tanto que rogaron a Moisés hablar con Dios a su favor (Exodo 20:18-20). Prometieron obedecer todo lo que Dios les mandara con tal que no tuvieran que oír su voz. Dios estuvo de acuerdo y entregó la ley a Moisés para que él la diera al pueblo.
Lamentablemente, el pueblo de Israel pronto olvidó su promesa. Moisés sirvió fielmente como mediador, pero los israelitas quebrantaron el pacto antes de terminar los primeros 40 días. Moisés todavía estaba en la montaña recibiendo la ley de boca de Dios cuando el pueblo instó a Aarón a hacerles un Dios visible que podían adorar. El les hizo un becerro lo cual adoraron descaradamente (Exodo 32). El pacto que Dios hizo con Israel por medio de Moisés fracasó, no porque era defectuoso en sí. Antes era puro, santo y bueno. El problema no fue la ley, sino el corazón pecaminoso del pueblo. La ley podía decirles lo que era bueno, pero no tenía poder para ayudarles a cumplirla. No podía cambiar el corazón.
Ahora bien, Jesucristo también es mediador de un pacto entre Dios y los hombres. De hecho, es el único mediador entre Dios y los hombres porque es Dios y también es Hombre (1ª a Timoteo 2:5). Jesús es mejor mediador que Moisés, porque él estableció un mejor pacto. El pacto de la ley prometía bendición por la obediencia, y maldición por la desobediencia. Dependía de la sumisión del pueblo a sus preceptos. En cambio, el nuevo pacto que Jesús proveyó está basado en la obediencia de él. Promete un cambio de corazón, y establece comunión directa con Dios.



C. CONCLUSION


El  nuevo pacto se está cumpliendo hoy a nivel personal a través de la Iglesia.

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