Versículo del día

sábado, 27 de abril de 2013

Hebreos 7:4-19


NUEVO SACERDOCIO – NUEVA LEY
Hebreos 7:4-19

A. INTRODUCCIÓN.


Melquisedec era tipo del Señor Jesucristo en los cargos que ejercía en su pueblo. A continuación veremos otras maneras que este hombre de Dios representa a nuestro Salvador.

B. LAS CUATRO PRUEBAS DEL SACERDOCIO MAYOR DE MELQUISEDEC SOBRE LEVI. Hebreos 7:4-10.

1.                  La prueba de los diezmos. Hebreos 7:4-6.
Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín. Ciertamente los que de entre loa hijos de Leví reciben el sacerdocio, tiene mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham. Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas.

El propósito del autor de Hebreos es mostrar que el sacerdocio de Jesús es mayor que el sacerdocio levítico. Debemos tener presente que estaba escribiendo a creyentes judíos que estaban pensando volver al judaísmo. Ellos estaban acostumbrados a
o    Llevar animales al templo para que los sacerdotes levitas los ofrecieran en sacrificio a Dios.
o    Estaban acostumbrados a llevar anualmente sus diezmos al templo para sostener al sacerdocio estipulado por la ley de Moisés.
o    Tenían fuertes lazos emocionales y culturales con el templo, el sacerdocio levítico, y todos los rituales del judaísmo.
La intención del autor de Hebreos era mostrarles claramente que el antiguo sacerdocio levítico ya había sido superado por el sacerdocio de Jesucristo. Jesús no podía ser sacerdote bajo el antiguo sistema, porque no era de la tribu de Leví. Su sacerdocio se basaba en una orden mucho más antiguo, en el de Melquisedec, contemporáneo del patriarca Abraham.

Ahora bien, Abraham fue escogido por Dios para ser el progenitor de la raza por la cual vendría su Hijo al mundo. Abraham reconoció que Melquisedec era superior a él en lo espiritual. Manifestó honor al sacerdote - rey de dos maneras.
•    Entregó a Melquisedec los diezmos del botín que había ganado al conquistar a Quedorlaomer y sus aliados. Leví, él que recibe los diezmos de Israel no había nacido aún, pero su antepasado pagó diezmos al sacerdote Melquisedec. Como el antepasado de Leví pagó diezmos a uno superior a él, tiene que ser que el sacerdocio de Melquisedec es superior al sacerdocio levítico.
•    Recibió la bendición de Melquisedec. Aunque había recibido grandes promesas de Dios, Abraham reconoció que Melquisedec tenía la autoridad de bendecirlo.

2.                  La prueba de la bendición.  Hebreos 7:7.
Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor.

Al recibir humildemente una bendición de Melquisedec, Abraham estaba reconociendo la superioridad de él. Las bendiciones del Antiguo Testamento siempre se daban de mayor a menor como por ejemplo, padre a hijo, o rey al pueblo.
Tenemos en la Biblia repetidas veces el concepto de la unidad racial, o sea, que lo que hacen los antepasados afecta directamente a sus descendientes. Un ejemplo de este concepto es que el pecado de Adán se pasó de generación a generación afectando a toda la humanidad. Otro ejemplo es el que tenemos en este pasaje de Hebreos. Cuando Abraham recibió la bendición de Melquisedec, todos sus descendientes también recibieron la misma bendición. Como el mayor siempre bendice al menor, los descendientes de Abraham también son inferiores a Melquisedec. Por eso el sacerdocio levítico es inferior al sacerdocio de Melquisedec.

3.                  La prueba de la genealogía de Melquisedec. Hebreos 7:8.
Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive.

Vimos en el sermón anterior que Melquisedec era un hombre normal. Nació y murió al igual que todos los hombres. Sin embargo no tenemos en la Biblia el registro de sus antepasados, ni de su sepultura. El Espíritu Santo no incluyó estos detalles a propósito. Quería que Melquisedec representara al divino Hijo de Dios quien ha existido desde la eternidad pasada, y no morirá jamás.

Los levitas solamente recibían los diezmos de la nación de Israel durante su vida. Melquisedec, en cambio representa el eterno sacerdocio de Jesús, porque no tenemos la historia de su muerte.

4.                  La prueba de los diezmos reiterado. Hebreos 7:9-10.
Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos, porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.

Según este texto, ¿de qué manera pagó diezmos Leví a Melquisedec?
Leví era un bisnieto de Abraham. Como era descendiente directo de Abraham, las decisiones y actos de su antepasado lo afectaron. En este caso Abraham era el representante de Leví, y era como si Leví mismo hubiera pagado diezmos a Melquisedec.

¿Por qué entendemos por eso que el sacerdocio de Melquisedec era mayor que el sacerdocio de Leví?
Los sacerdotes levitas recibían los diezmos de Israel, pero en Abraham ellos pagaron diezmos a Melquisedec. Esto indica que Melquisedec era mayor que ellos en su ministerio ante Dios.

C. EL SACERDOCIO LEVITICO NO PUDO PERFECCIONAR AL PUEBLO. Hebreos 7:11-14.

1.                  Argumento: la perfección no necesita mejorar. Hebreos 7:11.
Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón?

No solamente el sacerdocio de Melquisedec es mayor que el sacerdocio levítico. Ha reemplazado el sacerdocio de Leví y de la ley mosaica. ¿Cómo sabemos esto? En el argumento del versículo 11, vemos que el sacerdocio levítico era imperfecto. ¿En qué sentido era imperfecto?
•    El ministerio de los sacerdotes levitas era limitado porque morían (Hebreos 7:23).
•    El ministerio de los sacerdotes levitas no podía cambiar el corazón de los pecadores. Las ofrendas que hacían solamente cubrían el pecado, no lo quitaban (Hebreos 9:9).
•    Los sacerdotes tenían que ofrecer sacrificios por ellos mismos porque eran pecadores (Hebreos 5:1-3).
•    El sacerdocio levítico era basado sobre linaje, no sobre la vida moral de las personas. Tenemos ejemplos de sacerdotes consagrados al Señor, y de impíos que abusaban del pueblo en vez de darles buen ejemplo y llevarles a Dios.
Ya que el sacerdocio levítico era imperfecto, había necesidad de otro sacerdocio, uno que corregiría todas las fallas del primero.

2.                  Argumento: un nuevo sacerdocio exige una nueva ley. Hebreos 7:12.
Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley;

Esta pequeña frase es de inmensa importancia. Uno de los motivos por los cuales Dios instituyó la ley mosaica era atender el problema del pecado. El santo Dios no puede consentir el pecado, pero anhela ardientemente el compañerismo de los hombres que creó para ser sus amigos. Antes de la venida de Cristo, era necesario un sistema de sacrificios que cubría provisionalmente el pecado, para que los pecadores podían estar en comunión con Dios. En el Salmo 110 Dios dio a conocer que el sacerdocio levítico no iba a ser permanente. Instituyó con juramento otro orden, el de Melquisedec.
Mientras regía el sacerdocio de Leví, regía también la ley de Moisés que lo establecía y regía. Al cambiar el sacerdocio, la ley de Moisés pasó de vigencia. No puede existir la ley mosaico sin el sacerdocio levítico. Son indispensables el uno al otro.
El resultado de todo esto es que ¡no estamos bajo la ley! ¿Por qué? Tenemos a Jesucristo como nuestro sumo sacerdote eterno bajo el orden de Melquisedec. Por eso no estamos bajo la obligación de cumplir la ley de Moisés. ¿Qué tiene todo esto que ver con nosotros que estamos viviendo en el siglo veintiuno? Tiene mucho que ver.
•    El judaísmo ya no es el medio por lo cual llegamos a Dios. En el país de Israel hay un grupo que tiene comprobación genética de que son de linaje directo de Aarón. Son por definición sacerdotes levíticos. Ellos actualmente están ensayando los sacrificios según las leyes mosaicos. Quieren estar listos para iniciar los sacrificios inmediatamente cuando tienen acceso al sitio del templo. Creen que pueden de esta manera reestablecer la relación con Dios que, según ellos, fue roto en el año 70 d.C. cuando el templo fue destruido por los romanos. Según Hebreos 7:12, no tienen la razón, porque Dios estableció un nuevo sacerdocio basado en la muerte y resurrección de su Hijo Jesucristo. Ya la ley mosaica perdió su vigencia.
•    Algunas comunidades cristianas creen que es necesario guardar la ley de Moisés después de creer en Jesús, no para ganar la salvación, sino para ser santos y consagrados a Dios. Según Hebreos 7:12, la ley del Antiguo Testamento ya no es vigente. Por supuesto, podemos aprender mucho por estudiarla, pero no debemos tratar de regir nuestra según sus reglas. Esto no quiere decir que podemos vivir desenfrenadamente. Según Romanos 8:3-4, Jesús guardó la ley a nuestro favor, y el Espíritu Santo la cumple en los creyentes que ceden a él autoridad en su vida.
•    La Iglesia Católica enseña que Jesús estableció un sacerdocio cristiano para ofrecer el sacrificio de la eucaristía, para perdonar pecado, y para servir de vicario a Cristo en la tierra. Este sacerdocio continua los sacrificios incruentos presentados por los sacerdotes levitas. Según Hebreos 7:12, el sacerdocio levita con todos sus rituales y deberes fue reemplazado por el sacerdocio de Jesucristo según el orden de Melquisedec. Jesús ofreció un sacrificio para siempre, y no hay necesidad de seguir ofreciendo sacrificios por el pecado (Hebreos 9:11-12).


3.                  Argumento: Jesús no pudo ser sacerdote bajo la antigua ley. Hebreos 7:13-14.

y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar. Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio.

La ley de Moisés estipula que todos los sacerdotes tienen que ser de la tribu de Leví y del linaje de Aarón. Levitas que no eran descendientes directos de Aarón no tuvieron el derecho de ser sacerdotes, aunque podían cuidar el predio del templo y estaban encargados del transporte del tabernáculo. Ahora bien, Jesús no nació de la tribu de Leví, sino de Judá. El es nuestro sumo sacerdote, aunque no es descendiente de Aarón. Para que Jesús pudiera ser sumo sacerdote, fue necesario un cambio de la ley. Y así fue. La ley de Moisés perdió su vigencia cuando Jesús nuestro sumo sacerdote según el orden de Melquisedec resucitó.

D. DIOS CONSTITUYO UN SACERDOCIO MEJOR. Hebreos 7:15-19.

1.       El sacerdocio de Jesús no se basa en su linaje humano, sino en su vida eterna . Hebreos 7:15-16.
Y esto es aun más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto, no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible.

En el idioma griego hay dos palabras que traducen “otro”, “diferente” o “distinto”. Una quiere decir “otro de la misma clase”. Ejemplo: “Veo que tienes una naranja. Ahí sobre la mesa hay otra (naranja).” Cuando Jesús dijo en Juan 14:16 que iba a enviar “otro Consolador”, usó esta palabra. Quiso decir que el Espíritu Santo era como él en todos los aspectos.

La segunda palabra traducido “otro” o “distinto” quiere decir “otro que es completamente diferente al primero. Ejemplo: “Veo que tiene una naranja. Ahí sobre la mesa hay otra fruta (que no es una naranja)”. En Hebreos 7:15 la palabra traducida “distinto” es la segunda. Quiere decir otro completamente diferente al primero. Quiere decir que Jesús como sacerdote es completamente distinto a los sacerdotes levitas. ¿En qué está distinto? En primer lugar, es distinto porque no nació del linaje de Aarón. Su sacerdocio no termina con la muerte, ni acabará jamás. Más bien, Jesús es sacerdote para siempre, porque vivirá para siempre. Su vida nunca se acabará, de modo que nunca tendrá que ceder su sacerdocio a otro. Veremos otras verdades acerca del sacerdocio de Jesús que lo distinguen del sacerdocio levítico en los siguientes versículos.

2.       El sacerdocio de Jesús tiene que ser eterno según la profecía. Hebreos 7:17.
Pues se da testimonio de él: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.

¿Dónde se encuentra esta profecía en el Antiguo Testamento?
Está tomada de Salmo 110:4.
¿De quién está hablando?
Se refiere a Jesucristo.
¿Por qué es diferente esta profecía a la mayoría de las que se encuentran en el Antiguo Testamento?
Dios la pronunció con juramento.

3.       La ley de Moisés quedó abolido al introducir un nuevo sacerdocio. Hebreos 7:18-19a.
Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia (pues nada perfeccionó la ley),

Son tres los motivos dados en este versículo por los cuales la ley de Moisés fue suprimido.
•    La ley de Moisés era débil, porque no podía producir santidad en los que estaban bajo su autoridad. Véase Romanos 8:3.
•    La ley de Moisés era ineficaz, porque no podía producir amor a Dios ni comunión con él. El anhelo de Dios siempre ha sido compañerismo con nosotros, pero no lo logró por medio de la ley.
•    La ley de Moisés, aunque era perfecta, no podía perfeccionar a nadie. Véase Romanos 7:12-14.

Ahora bien, aunque la ley de Dios no podía llevar a la nación de Israel a la perfección espiritual, cumplió los propósitos por los cuales Dios la dio a su pueblo. En resumen estos propósitos son:
•    Por medio de ella sabemos que Dios es santo y puro. Es completamente diferente a la humanidad, y por causa de nuestro pecado, no podemos acercarnos a él sin la intervención de un sacrificio.
•    Por medio de ella sabemos el estilo de vida que agrada a Dios. Aprendemos lo que es una vida santa, y lo que es el pecado.
•    Por medio de ella nos damos cuenta de que somos pecadores perdidos y que no somos capaces de cumplir los mandamientos de Dios.
•    Por medio de ella entendemos que necesitamos un Salvador. Por más que intentamos agradar a Dios por nuestros esfuerzos, no podemos. Necesitamos a un Mediador que nos lleve a Dios. Este Mediador es Jesucristo, el Dios-Hombre.

4.       El sacerdocio de Jesús es mejor, porque él nos acerca directamente con Dios. Hebreos 7:19b.
y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios.

Ni la ley de Moisés ni el sacerdocio levítico pueden acercarnos a Dios. Jesucristo lo hace por medio de su sacrificio a nuestro favor. El pagó nuestros delitos para que podemos disfrutar de su perfección. Sufrió la condenación que nuestro pecado merece para que podemos vivir eternamente con él.
En la ley los israelitas tenían la esperanza de ser perdonados provisionalmente. Nosotros que hemos creído en Jesús tenemos una esperanza mejor. Sabemos que nuestro pecado ha sido perdonado y limpiado, y esperamos estar con él para siempre.
Los creyentes judíos tuvieron que haber saboreado estás verdades mientras leían la carta. ¿Por qué volver al judaísmo cuando tenían una esperanza mil veces mejor como seguidores de Cristo?

lunes, 25 de junio de 2012

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sábado, 16 de octubre de 2010

Hebreos 7:1-3


MELQUISEDEC: ¿Quién es?
Génesis 14:14-24

A. INTRODUCCION

Abram gimió de irritación. ¡Sus obreros y los de su sobrino Lot estaban peleando otra vez!

Un día Abram llevó a Lot a un lugar alto donde se podía apreciar toda la tierra de Canaán. Le explicó la necesidad de separarse, y le ofreció la oportunidad de escoger hacia dónde irse. Ahora bien, Dios había dado toda la tierra de Canaán a Abram, y él tenía el derecho de escoger primero. Tenía ese derecho tanto por su edad como por la promesa que había recibido de Dios. Sin embargo, Abram cedió su derecho a su sobrino, y pidió que Lot escogiera la parte de la tierra que más quería.

Ahora bien, la tierra de Canaán está caracterizada por dos cordilleras con un valle fértil entre ellas donde fluye el Río Jordán. Aunque hay buenos pastos en las montañas, los mejores campos para ganado están en el valle. Además, en ese entonces había varias ciudades en la llanura del Jordán. A Lot le llamó mucho la atención el valle porque había lujosos prados para su ganado, y ciudades donde podía negociar. Con egoísmo y avaricia, Lot escogió para sí todo el valle del Jordán, dejando las montañas a su tío.

Abram no se opuso a la decisión de Lot. Se despidió de él, y observó mientras él, su familia y sus hatos bajaron a la llanura. Después vio con tristeza como su sobrino se acercaba cada vez más a las ciudades corrompidas del valle. Por fin Lot dejó el campo para vivir en Sodoma, ciudad entregada a la idolatría y al pecado. Ahora bien, según 2ª de Pedro 2:7, Lot no compartía las prácticas lasciviosas de Sodoma, pero vivía en medio del desenfreno más absoluto. Poco a poco se iba apartando de Dios, y su familia se contaminaba cada vez más con la maldad del pueblo en donde vivían.

Abram no fue el único que observaba con tristeza las decisiones equivocadas de Lot. Dios lo amaba y quería llamarle al arrepentimiento. Con ese fin, permitió que una confederación de reyes bajo el liderazgo de Quedorlaomer atacara a Sodoma y las ciudades cercanas. Algunos eruditos creen que el nombre Quedorlaomer quiere decir “Sumamente malvado” o “Poderoso en extremo”. Lo cierto es que la confederación de ejércitos bajo su mando venció a todos los pueblos de Canaán, devastó la tierra, y llevó cautivo a los habitantes de Sodoma, incluyendo a Lot y su familia con todos sus bienes. Lot había escogido vivir en el valle del Jordán porque pensaba que se haría rico. En verdad prosperó materialmente por un tiempo, pero espiritualmente se empobreció. Dios permitió que los enemigos quitaran sus bienes para que se diera cuenta que había menospreciado lo esencial, la relación con Dios. Quería traerle al arrepentimiento, y restaurar su vida espiritual.

¿Qué tiene esta historia antigua que ver con la fe cristiana? Veremos la respuesta a esta pregunta a continuación.
B.  EL FONDO HISTORICO. Génesis 14:14-24.



  1. Abram el guerrero. Génesis 14:14-16.
Oyó Abram que su pariente estaba prisionero, y armó a sus criados, los nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y los siguió hasta Dan. Y cayó sobre ellos de noche, él y sus siervos, y les atacó, y les fue siguiendo hasta Hoba al norte de Damasco. Y recobró todos los bienes, y también a Lot su pariente y sus bienes, y a las mujeres y demás gente.

Abram era por naturaleza pacífico y tranquilo. Sin embargo, cuando oyó que su querido sobrino Lot había sido tomado preso por Quedorlaomer y sus aliados, se alistó para la guerra. Humanamente Abram no tenía esperanza de vencer a aquellos poderosos reyes. Tenía apenas 318 hombres de su parte, y éstos no eran guerreros. Eran pastores y vaqueros que habían servido a Abram durante toda su vida. Con este pequeño ejército improvisado, Abram persiguió a los cuatro ejércitos aliados que habían devastado a toda la región de Canaán.

La región de Dan quedaba al norte de Canaán. Abram y sus criados atacaron al enorme ejército de noche, y los espantaron. Los aliados de Quedorlaomer huyeron hasta la parte norte de Siria, pero no pudieron escapar. Dios dio la victoria a Abram, y pudo rescatar a Lot, los demás presos, y todos los bienes de Sodoma.

  1. Abram el victorioso. Génesis 14:17.
Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey.

El rey de Sodoma había huido en terror ante la amenaza de los ejércitos de Quedorlaomer. No hizo nada para rescatar a los secuestrados, ni a sus bienes. Seguramente se había reído de Abram que salió para atacar a los guerreros poderosos con una pequeña banda de pastores. Cuando Abram regresó victorioso, trayendo a todos los presos con el botín, el rey de Sodoma salió para recibirlo con admiración y alabanza.

Es posible que Abram estaba en peligro de sentirse orgulloso por su gran hazaña, y de pensar que por sus propias fuerzas había ganado la victoria. El Señor conocía su corazón, y protegió a su siervo de caer en la trampa de la arrogancia por medio de un encuentro extraordinario.

  1. Melquisedec bendice a Abram. Génesis 14:18-20a.
Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano.

En la Biblia los nombres de las personas muchas veces tienen gran significado. Como vimos hece algunos estudios, el nombre “Melquisedec” quiere decir “Rey de justicia”. El nombre de la ciudad “Salem” quiere decir “paz”. El hombre Melquisedec, luego, era rey de justicia y rey de paz. Además de ser rey, Melquisedec era sacerdote del Dios verdadero. Es el único personaje en el Antiguo Testamento que era rey y también sacerdote.

En cuanto a la persona de Melquisedec, algunos teólogos creen que fue un ángel que vivió por un tiempo en la tierra disfrazado de hombre. Otros postulan que fue Jesús mismo que apareció a Abram en la forma de rey y sacerdote. Basan estos conceptos sobre Hebreos 7:3 porque dice que Melquisedec no tenía madre o padre, genealogía, ni muerte. Es cierto que la historia de Melquisedec en Génesis no menciona estos detalles de su vida, pero lo presenta como un hombre verdadero que reinaba y servía de sacerdote en un pueblo verdadero. El mismo versículo en Hebreos 7:3 dice que Melquisedec era “semejante” al Hijo de Dios, no dice que era el Hijo de Dios. Además, no tenemos ningún ejemplo en la Biblia de un ángel santo que actuaba como hombre por tiempo indefinido. Siempre aparecen, cumplen una misión específica, y desaparecen de nuevo. Concluimos que Melquisedec era un hombre normal, conocido por Abram y sus semejantes.

Algunos han visto en el “pan y vino” un tipo o símbolo de la santa cena. Es más probable que se refiere a provisiones que dio a Abraham y a los que lo acompañaban. Alimentar y socorrer a los viajeros era parte de la cultura de aquella región, y Melquisedec dio la bienvenida a sus huéspedes con toda cortesía y respeto. La calidad de las raciones muestra aprecio por la victoria militar de Abram y sus tropas.

Abram recibió una bendición especial de Melquisedec. Lo bendijo en el nombre de “El Elyon”, el Dios Altísimo. Esta es la primera vez que se da este título a Dios. Está relacionado con su gran poder y majestad expresada en la creación. Cuando Melquisedec bendijo a Abram en el nombre del Dios Altísimo, le recordó que Dios había ganado la victoria sobre Quedorlaomer, no Abram.

4.                 Abram el humilde. Génesis 14:20b.
Y le dio Abram los diezmos de todo.

Melquisedec enseñó a Abram algo nuevo acerca del Dios que ambos adoraban. Le enseñó que era el Dios Altísimo. Le enseñó que como creador, su dominio era absoluto. Le recordó que era el Altísimo Dios que había ganado la victoria militar sobre el poderoso Quedorlaomer, no Abram con su triste manojo de tropas.

¿Cómo respondió Abram? Respondió con adoración. Reconoció la verdad de lo que le dijo Melquisedec, y le dio la décima parte de todo el botín. Al dar el diezmo, Abram estaba haciendo varias cosas que nos dan ejemplo a nosotros también:
•   Estaba reconociendo que todo lo que tenía pertenecía a Dios. ¿Y tú? ¿Reconoces a Dios Altísimo como el dueño absoluto de tus posesiones materiales, de tu tiempo, de tu futuro, de todo lo que eres y de todo lo que tienes? Medita en Mateo 22:37-38 y Santiago 1:22-25.

•   Estaba dando al Señor preeminencia en su vida en forma tangible. Habiendo reconocido a Dios como el Altísimo, Abram le dio una parte de las ganancias de la batalla. Si de verdad hemos puesto a Dios en primer lugar en nuestra vida, esta decisión afectará nuestro bolsillo. Queremos dar para que la obra de Dios se adelante, y para que él sea glorificado. Sostenemos el ministerio espiritual con nuestras ofrendas, y usamos el dinero en maneras que van a glorificar a nuestro Rey celestial. Medita en 2ª a Corintios 9:6-15.

•          Estaba dando honor a la persona que le había enseñado acerca de Dios. Los que enseñan la palabra de Dios como vocación necesitan el apoyo de los que reciben el beneficio de su ministerio. Abram nos da el ejemplo de reconocer económicamente a los que nos instruyen en los caminos del Señor. Medita en Gálatas 6:6 y 1ª a Corintios 9:11-14
  1. Abram el generoso. Génesis 14:21-24.
Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti los bienes. Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram, excepto solamente lo que comieron los jóvenes, y la parte de los varones que fueron conmigo, Aner, Escol y Mamre, los cuales tomarán su parte.


¿Cómo vemos en estos versículos que Abram aceptó para sí la enseñanza de Melquisedec?
•   Abram usó el nuevo nombre de Dios, y dijo que había jurado ante Jehová Dios Altísimo que no tomaría para sí mismo del botín.
•   Al no tomar del botín, Abram estaba dando la gloria de la victoria a Dios.
•   Al no tomar del botín, Abram estaba dando testimonio al rey pagano de Sodoma que el Dios Altísimo fue él que había librado a los presos. Le estaba dando oportunidad para arrepentirse y creer también.

De este relato parece que el rey de Sodoma y Melquisedec, el rey de Salem salieron juntos para recibir a Abram cuando regresó victorioso de su campaña militar. El rey de Sodoma quería ensalzarlo y enriquecerlo materialmente. El rey de Salem quería que ensalzara al Dios Altísimo, y que recibiera enriquecimiento espiritual. Abram escogió a Dios, y rechazó la oferta material.

C. LA PROFECIA. Salmo 110:1-4.

  1. Jesús, Dios exaltado. Salmo 110:1.
Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

No volvemos a oír más de Melquisedec hasta que Dios dio una profecía a David con relación a su Hijo en el Salmo 110. Los judíos en los tiempos de Cristo aceptaban este Salmo como mesiánico. Jesús lo usó para mostrarles que el Mesías era más que un descendiente de David, porque David mismo lo llama “Señor” (Adonai), uno de los títulos de Dios. En este versículo tenemos a Jehová Dios hablando con Adonai Dios. Es una de las pocas referencias en el Antiguo Testamento a Dios Padre y Dios Hijo.

¿Qué dijo Jehová a Adonai en este texto?
Le dijo que se sentara a su diestra hasta que los enemigos habían sido vencidos.
Lee Romanos 8:34. ¿Cómo se ha cumplido la profecía de Salmo 110:1?
Después de su resurrección, Jesús regresó al cielo y está sentado a la diestra del Padre.

  1. Jesús, Rey de gloria. Salmo 110:2-3.
Jehová enviará desde Sion la vara de tu poder; Domina en medio de tus enemigos. Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, en la hermosura de la santidad. Desde el seno de la aurora tienes tú el rocío de tu juventud.

Cuando regrese a la tierra, Jesús reinará desde Sion (Jerusalén). Tendrá dominio sobre sus enemigos. El pueblo de Israel que lo rechazó cuando vino la primera vez, lo aceptará sin reserva cuando regrese como Rey. Jesús como Rey será caracterizado por santidad y vigor (el rocío de la juventud). Como Melquisedec, Jesús será Rey de Jerusalén (Ciudad de paz).

  1. Jesús, Sacerdote para siempre. Salmo 110:4.
Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.

No solamente será Rey para siempre, sino sacerdote eterno. Su sacerdocio no será según el orden de Leví como los sacerdotes bajo la ley. Será sacerdote según el orden de Melquisedec. ¿Qué quiere decir esto? El autor de Hebreos nos lo explica en gran detalle. Con esta introducción, veremos sus argumentos en Hebreos capítulo 7.

D. MELQUISEDEC: SIMBOLO DE CRISTO. Hebreos 7:1-3.

  1. Sus nombres simbolizan a Cristo. Hebreos 7:1-2.
Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote de Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo, cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz;

¿Cómo simboliza Melquisedec a Jesús?
•   Sus cargos como rey y sacerdote simbolizan dos ministerios principales de Jesús.
•   Melquisedec reveló más acerca del Dios verdadero a Abram. Jesús vino al mundo para dar a conocer al Padre. Su nombre “el Verbo de Dios” tiene relación con este ministerio.
•   El hecho que Abram honró a Melquisedec entregándole los diezmos del botín simboliza el honor que Jesús merece de todos nosotros.
•   Los nombres “Rey de justicia” y “Rey de paz” simbolizan a Jesús en su carácter y ministerio.

  1. Sus datos personales simbolizan a Cristo. Hebreos 7:3.
sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.

Este versículo ha confundido a muchas personas porque parece a primera vista decir que Melquisedec apareció milagrosamente en esta tierra y que no murió. En realidad, Melquisedec fue un hombre normal. Nació de padre y madre como cualquier otro. Vivió y murió y fue reconocido en su tiempo como rey y sacerdote de su pueblo. El rey de Sodoma lo conocía, y aparentemente Abram había oído de él. Sabía que era sacerdote del mismo Jehová Dios que él servía. Melquisedec fue un ejemplo al lado de Job y Balaam de hombres que adoraban al Dios verdadero aunque no eran del linaje de Abraham.

Cuando el versículo dice que Melquisedec era sin padre y madre, sin genealogía, y sin fin de vida, solamente recalca que no tenemos estos datos en las Escrituras. El hombre aparece de repente en la historia de Abraham, y no sabemos más acerca de él. El Espíritu Santo no nos dio estos datos porque no son necesarios para entender el relato, y porque de esta manera Melquisedec puede simbolizar mejor a Jesucristo.

Según Hebreos 7:3 Melquisedec representa a Cristo de las siguientes maneras:
•   No se nombran los padres de Melquisedec. Jesús nació en este mundo por intervención del Espíritu Santo en la virgen María (Lucas 1:35). Sin embargo, él existió antes de su encarnación (Juan 1:1-3 y 8:58). Como Dios, Jesús no tuvo ni padre ni madre en el sentido de ser engendrado. Melquisedec simboliza la existencia eterna de Jesucristo.
•   No se habla del nacimiento de Melquisedec ni de su muerte. De la misma manera, Jesucristo es eterno. Es el Alfa y Omega, el Principio y el Fin (Apocalipsis 1:8). Nunca cambiará (Hebreos 13:8). Su reinado y sacerdocio por lo tanto, también serán eternos.

lunes, 11 de octubre de 2010

Hebreos 6:13-20

TENEMOS UN ANCLA SEGURA
Hebreos 6:13-20


Aunque algunos teólogos usan Hebreos capítulo seis como base del argumento que el creyente puede perder su salvación, uno de los textos más fuertes que afirma la seguridad del creyente en Cristo se encuentra al final del capítulo. Ahí tenemos un ancla para nuestra fe, un soporte seguro para nuestra confianza.
¿Para qué sirve una ancla? Los barcos necesitan anclas como medio de seguridad.

• El ancla mantiene el barco en el sitio donde el capitán quiere. Cuando hay corriente o viento, el barco puede ser arrastrado fácilmente por el agua si no tiene una ancla fuerte y bien asentado.
• El ancla protege el barco de naufragar contra las rocas. Por causa de no tener ancla, muchos barcos han sido destruidos por las rocas durante tempestades. El ancla mantiene el barco en aguas profundas.
• El ancla bajado en alta mar ayuda al capitán a mantener su dirección en medio del viento o la neblina.

Todos estos usos del ancla tienen su contraparte en la vida espiritual.
• Necesitamos una ancla segura para protegernos de las corrientes mundanales de nuestra cultura, y para afirmarnos contra las falsas doctrinas.
• Necesitamos una ancla segura como protección contra los pecados que harían naufragar nuestra vida.
• Necesitamos una ancla que nos mantiene seguros en Dios cuando la situación es confusa y cuando Satanás nos ataca con dudas y tentaciones.

¿Tenemos un ancla segura en que podemos confiar? ¡Si la tenemos! Y el autor de Hebreos nos habla de ella en el pasaje que estudiaremos en esta lección.

Las anclas materiales a veces fallan. A veces son demasiado livianas para sostener el peso del barco. A veces los que tiran el ancla no lo asientan bien, y ella se corre bajo las olas, llevando al barco a la destrucción. A veces se rompe el lazo que une el ancla con el barco. Por eso los barcos grandes llevan muchas anclas. No pueden confiar en una sola.

Los creyentes, en cambio, necesitamos una sola ancla. Es firme, digna de plena confianza, y eterna. ¿Qué es esa ancla que da descanso a nuestro alma? Veremos.

EL JURAMENTO DE DIOS. Hebreos 6:13-20

1. La situación. Hebreos 6:13-15.
Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente. Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa.

CONTEXTO. Abraham estaba andando en la tierra desértica. Abraham era viejo. Tendría más de 110 años. Había adorado a Jehová Dios durante casi un siglo. Cuando Dios primero le habló, era un idólatra pagano que vivía en la ciudad de Ur de los caldeos, y estaba casado con una hermosa mujer llamada Sarai. Ellos querían tener familia, pero hasta el momento, no tuvieron hijo. Dios prometió al joven Abram una familia grande, una tierra fructífera, y una herencia eterna (Génesis 12:1-5). Luego le dijo que dejara a su tierra natal, y que viajara a la tierra nueva que iba a ser su heredad. Abram creyó a Dios y le obedeció. Llegó a Canaán, y Dios le dijo que ésta iba a ser su tierra para siempre.

Abram estaba en la tierra que Dios le había prometido, pero todavía no tenía hijos. ¿Dónde estaba la familia grande de que le había hablado Dios? Pasaron los años, y el Señor enseñó muchas cosas a Abram y su esposa. Cambió sus nombres por Abraham (padre de una multitud), y Sara (princesa), pero no les dio hijo. Por fin pasó el tiempo en que humanamente pudieran tener hijos. Por poco pierden la esperanza de que Dios les fuera a cumplir la promesa. ¡Entonces por milagro de Dios nació un niño! Abraham tenía cien años y Sara noventa. ¡Cuánto amaban a ese muchacho! Lo llamaron Isaac que quiere decir “risa”. Era la alegría de su vida, y la confirmación de sus años de confianza en el Señor.

Pasaron unos quince años, y Abraham, Sara e Isaac vivían contentos. Entonces una noche Dios habló con su amigo Abraham. Le dijo que tomara a su único hijo, el hijo de la promesa, y que lo sacrificara sobre un altar en un monte que quedaba a tres días de viaje. ¿Puedes imaginar la angustia en el corazón de aquel anciano? Dios le estaba pidiendo más que su vida. Estaba pidiendo lo que amaba más en todo el mundo. Estaba pidiendo su esperanza para el futuro. Con gusto Abraham hubiera entregado su propia vida por la de Isaac. Hubiera ofrecido todo su ganado en sacrificio por salvar la vida de su amado hijo. Pero Dios le pidió lo mejor, y Abraham obedeció.

Tomó a Isaac en el largo viaje. Subió con él al monte Moriah donde más adelante fue construido el templo de Jerusalén. Levantó el altar, puso encima la leña, amarró a su hijo, y lo acostó sobre el altar. Su corazón palpitaba con angustia, y lágrimas corrieron por sus arrugadas mejillas mientras alzó el cuchillo para matar a su hijo Isaac. En ese momento Dios lo llamó. Le mostró un animal que podía ofrecer en lugar de Isaac, y le dio la promesa que cita el autor de Hebreos: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz (Génesis 22:16-18).

¡Qué alivio sintió el anciano! ¡Con qué regocijo abrazó a su hijo Isaac! Su hijo no moriría. Viviría, y sería el progenitor de muchos descendientes. La confianza y el gozo de Abraham estaban basados en la promesa inquebrantable de Dios. Y esa maravillosa promesa incluye a nosotros también, porque dice que en la simiente de Abraham todas las naciones recibirían bendición.

¿De qué estaba hablando Dios? ¿Quién era la simiente que iba a traer bendición al mundo? Pues claro, ¡fue Jesucristo! (Véase Gálatas 3:16.) Dos mil años después de Abraham, otro Hijo subió el para ser sacrificado. Otro Padre se estremeció de dolor al ver a su único Hijo en agonía sobre el altar de sacrificio, la cruz. Pero este Padre no rescató a su Hijo. No apareció ningún animal para tomar su lugar sobre el altar. Ese día el Hijo perfecto de Dios derramó su sangre y entregó su vida en sacrificio por el pecado del mundo. En él todas las naciones reciben bendición. En él todas las personas que creen reciben vida eterna.

2. ¿Por qué juran los hombres? Hebreos 6:16.
Porque los hombres ciertamente juran por uno mayor que ellos, y para ellos el fin de toda controversia es el juramento para confirmación.

Jesús enseñó que los juramentos a nivel humano proceden de mal (Mateo 5:33-37). No dijo esto porque es pecado jurar, porque él mismo respondió bajo juramento durante su tribunal (Mateo 26:63-64). ¿En qué sentido, entonces, proceden los juramentos de mal? Los hombres juran porque son mentirosos. Juran por algo o alguien que consideran mayor de ellos para confirmar su palabra. Si no fuera por las mentiras, no habría necesidad de juramentos.

Jesús dijo que nuestro sí debe ser sí, y nuestro no debe ser no. Si siempre decimos la verdad, nadie tendrá motivo por el cual dudar nuestra palabra. Sin embargo, como la mentira está tan arraigada en nuestra cultura, habrá tiempos cuando será necesario confirmar nuestra palabra con juramento.


3. ¿Por qué jura Dios? Hebreos 6:17-18.
Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.

Cuando habló con Abraham, Dios acudió a la costumbre humana de jurar para confirmar su palabra. Quería que Abraham y todos nosotros estuviéramos completamente convencidos de que su promesa es segura. Como no hay nadie más grande y poderoso que Dios, él juró por sí mismo. Podemos confiar en su palabra porque:
• Dios no puede decir mentira. No hay nada de engaño en él. En su esencia es la más pura verdad.
• Dios juró que estaba diciendo la verdad. Tomó en consideración nuestra debilidad y calmó nuestras dudas con juramento.

Lee Génesis 22:16-18. ¿Qué prometió Dios a Abraham bajo juramento?
• Prometió bendecir a Abraham, y por extensión, a los descendientes de Abraham.
• Prometió que sus descendientes serían numerosos, como las estrellas y como la arena. Es decir, serían tan numerosos que sería imposible contarlos.
• Prometió que sus descendientes vencerían a sus enemigos.
• Prometió que por medio de su simiente todas las naciones del mundo recibirían bendición. La simiente de que hablaba es Jesucristo.

Abraham no entendió la enorme promesa que Dios le dio. Entendió que Isaac iba a ser el progenitor de una gran nación, y esto le consoló. Entendió que en el futuro esa nación sería fuerte, porque derrotaría a sus enemigos. Y entendió que de alguna manera todo el mundo recibiría bendición a través de esa nación.
Nosotros que tenemos la Biblia completa podemos mirar a través de la historia y ver cómo Dios cumplió su juramento a Abraham.
• Hoy los descendientes de Abraham llenan el medio oriente. Tanto árabes como judíos trazan su genealogía desde Abraham. La promesa hace referencia específicamente a los descendientes de Isaac, o sea, los judíos. Miembros de esa nación se encuentran en todas partes del mundo. Han mantenido su identidad nacional en dondequiera que han ido. A través de los siglos, su número ha multiplicado hasta millones de millones.
• La promesa de victoria sobre los enemigos se cumplió en parte cuando Josué conquistó la tierra de Canaán. Otro cumplimiento de esta promesa sucedió cuando Jesús venció a Satanás, el pecado, y la muerte. Hizo esto cuando murió en la cruz y resucitó. Su cumplimiento final será cuando Jesús venga a reinar sobre el mundo entero durante el milenio.
• La simiente de Abraham, o sea Jesucristo (Gálatas 3:16), ha traído bendición abundante al mundo. Por su muerte en la cruz solucionó para siempre el problema del pecado. Tomó sobre sí mismo todo nuestro pecado, y sufrió el castigo terrible que éste merece. Murió espiritualmente cuando fue separado del Padre, y murió físicamente cuando entregó su vida al final de las seis horas en la cruz. Además, por su sumisión total al Padre sobre la cruz, Jesús venció al rebelde Satanás, y garantizó el eterno castigo de éste en el lago de fuego. Cuando resucitó en cuerpo glorificado, ganó la victoria rotunda sobre la muerte. Ya no tenemos miedo a la muerte, porque Cristo la venció, y nos promete que compartiremos su victoriosa vida eterna.

4. Jesús, nuestra ancla. Hebreos 6:19-20.
La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.

Ahora llegamos a la ancla que asegura nuestro corazón y nuestro futuro. Para ser digno de confianza una ancla tiene que ser fuerte para que no se parte bajo la presión del agua y viento. También tiene que ser asentado en un lugar firme. ¿Nuestra ancla cumple estos requisitos? ¡Sí!
Nuestra ancla es segura y firme, porque es Jesucristo mismo. El es la persona más digna de confianza en el universo entero. Es todopoderoso, de modo que nada ni nadie lo puede vencer. Es omnisciente, de modo que nada lo coge de sorpresa, y no hay enigma que no puede resolver. Es fiel, de modo que nunca fallará. Es amor, de modo que siempre anhela nuestro bien. Siempre deseará compañerismo con nosotros. Este Creador y Salvador nunca nos fallará. Nunca será infiel. Nunca nos desamparará, y nunca nos defraudará. Cuando ponemos nuestra confianza en él, podemos estar completamente seguros de que él nos va a salvar para siempre.

¿ Los siguientes versículos refuerzan la enseñanza de Hebreos 6:19-20. ¿Cómo nos aseguran de que nuestra salvación no depende de nosotros, sino de Jesús?
2ª a Timoteo 1:12. Pablo había depositado en Cristo su fe. Estaba confiando en él para su salvación presente y futura. Había basado su vida sobre sus promesas, y estaba seguro de que Jesús era poderoso para proteger su inversión.
Filipenses 1:6. Cuando Dios empieza una obra, él mismo la termina.
Romanos 8:37-39. Nada ni nadie nos puede separar del amor de Cristo. Algunos dicen que nosotros mismos podemos separarnos de su amor, pero esto no concuerda con el texto que dice que “ninguna cosa creada” nos puede separar de él. Somos creados por Dios, de modo que estamos incluidos en la promesa. Otros dicen que nuestro pecado nos puede separar de él. Es cierto que el pecado nos puede separar de la comunión con él, pero no puede romper el amor que Cristo nos brinda. Recordemos que el pecado fue tratado en Romanos capítulos 4 y 5. Cristo lo pagó, y nuestra justicia se basa en su sacrificio a nuestro favor.
Juan 10:27-29. Las ovejas del Señor están en la mano de Jesús, y él está en la mano de su Padre. Nadie las puede arrebatar de su mano, ni tampoco de la mano del Padre. Mucho menos pueden salir por sí solas. Están guardadas para Dios, y nunca se perderán.

No solamente tenemos una ancla todopoderosa y firme, sino que está asentada en un lugar donde no la puede mover nadie. Jesucristo nuestra ancla ha penetrado dentro del velo, hasta la misma presencia de Dios Padre. Ha entrado como nuestro precursor, es decir, su presencia en ese lugar es nuestra garantía que nosotros también estaremos con él.


La frase “dentro del velo” se refiere al tabernáculo o templo donde los sacerdotes levitas hacían su trabajo. El templo fue dividido en dos cuartos. La parte más amplia fue llamada el “lugar santo”, donde los sacerdotes entraban diariamente para atender el candelero de oro, cambiar los panes, y ofrecer incienso sobre el altar de oro. La segunda parte se llamaba el “lugar santísimo”. Este cuarto no tenía nada sino el arca del pacto que simbolizaba la presencia de Dios.
Entre el lugar santo y el lugar santísimo había un velo de tela gruesa. Los sacerdotes no podían pasar el velo bajo pena de muerte. Nadie podía entrar en la presencia del Dios santísimo sino el sumo sacerdote una vez al año. El velo representaba el pecado que separaba a Dios de los hombres.
Ahora bien, Jesús no traspasó el velo del templo en Jerusalén, pero cuando él murió, el velo del templo se rompió desde arriba hasta abajo. Con su sacrificio eliminó el problema del pecado para siempre, y ahora toda persona que cree en él tiene libre acceso a Dios.
Aunque Jesús no entró en el lugar santísimo del templo de Jerusalén, entró en el lugar santísimo en el cielo que el templo solamente representaba. Jesús entró en la misma presencia de Dios Padre llevando su sangre como ofrenda por el pecado del mundo. Cuando él penetró detrás del velo en el cielo, llegó como nuestro representante. En su presencia delante del Padre, tenemos plena seguridad que nosotros también seremos recibidos en el mismo lugar.

Los siguientes versículos amplifican la enseñanza de Hebreos 6:19-20. ¿Cómo nos ayudan a entender lo que Jesús está haciendo hoy en presencia del Padre, y nuestra esperanza por el futuro?
Juan 17:24. Jesús oró que todos los suyos estarían con él para siempre. Como Jesús tiene libre acceso al Padre, nosotros también. Tenemos acceso ahora por medio de la oración, y en el futuro estaremos en su presencia para siempre al lado de nuestro amante y poderoso Salvador.
Romanos 8:34. Jesús está a la diestra del Padre intercediendo por nosotros.
1ª de Juan 2:1. Jesús es nuestro abogado delante del Padre. Cuando pecamos, él presenta su sangre que derramó a nuestro favor. El es la propiciación perfecta por toda nuestra maldad. (Jesús es la propiciación por nuestro pecado porque su muerte satisfizo para siempre la justicia de Dios que exige la muerte por el pecado. Jesús, siendo inocente, murió en nuestro lugar, y así pagó el precio una vez para siempre.)

Algunos judíos preguntarán: ¿Cómo puede Jesús ofrecer el sacrificio de su sangre ya que no es de la tribu de Leví? Esto fue un problema serio para los judíos, porque Dios había prohibido en la ley que cualquiera ofreciera sacrificios que no fuera de la tribu de Leví y de la familia de Aarón.
Aparentemente el problema no tiene solución, porque Jesús fue descendiente de David, quien era de la tribu de Judá. A pesar de la gravedad de la dificultad, Dios tenía preparada la solución. Jesús no fue sacerdote según el orden de Leví, sino según el orden de Melquisedec. ¿Quién fue el misterioso Melquisedec, y cómo simboliza su ministerio al de Jesús? De estas preguntas tratan los estudios sobre el capítulo 7 de Hebreos.